lunes, marzo 30, 2009

En busca del sueño perdido


Una hermosa tarde, un viejo perro que parecía muy cansado entró en el patio de mi casa. Por el collar que tenía y su panza bien llena me di cuenta de que estaba bien cuidado y procedía de un buen hogar. Se me acercó tranquilamente y le acaricié la cabeza. Me siguió sin recelo cuando entré y se instaló en un rincón, donde se enroscó y se quedó dormido. Al cabo de una hora se levantó y se dirigió hacia la puerta, que yo abrí para dejarle salir.
Al día siguiente repitió la visita, volvió a entrar en casa, se acostó en el mismo sitio y otra vez durmió durante una hora. Y así durante varias semanas.
Llena de curiosidad, un día pegué en su collar una nota que decía: “Me gustaría saber quién el dueño de este perro maravilloso y si está enterado de que todas las tardes viene a mi casa a dormir una siesta”.
El animalito volvió con otra nota en la que alguien había escrito: “Vive en una casa con seis niñitos, dos de los cuales son menores de tres años. Intenta compensar el sueño faltante. ¿Podría acompañarlo yo mañana?”

Maya

4 comentarios:

tiziana dijo...

Que cuento lindo con una vison tan real de lo mucho que ayudan a los padres ciertos animales sin que la mayoria de las veces estos ni cuenta se den. grax por tan linda publicacion, lindo homenaje

àngels miarnau dijo...

Gracias a ti por tu comentario. Si también tienes alguna experiencia con animales que me quieras enviar, te la publicaré con mucho gusto.

Anónimo dijo...

Qué bonito, me ha encantado! Lo has escrito tú?
Monica

àngels miarnau dijo...

Es una historia que me contaron y me gustó mucho.
Gracias por tu visita y tu comentario.