
Cinco mil encantadores de serpientes se manifestaron este martes en Calcuta (India) contra una ley de protección de la fauna salvaje que prohíbe el uso de animales con fines lucrativos y que, por lo tanto, significa el fin de los flautistas callejeros que desde hace siglos hacen salir a sus cobras de cestos de mimbre.
“Encantar serpientes es un derecho natural e inalienable”, explicó Langra Brede, 35 años, que ya ha sido mordido dos veces durante su carrera. “Nuestros antepasados encantaban serpientes, nosotros hemos crecido así y esto es, sencillamente, lo único que sabemos hacer”, añadió.
De hecho, la ley rige desde hace más de diez años y los 800.000 encantadores de serpientes de la India se sienten privados de una parte de sus medios de vida.
En el este del país, la mayoría de estos hombres pertenecen a la comunidad nómade Bedia, cuyo saber se transmite de generación en generación. Miles de ellos se encuentran “al borde de la hambruna” y esta ley “pone en peligro la supervivencia de la comunidad Bedia, de 1000 años de antigüedad y parte integrante del patrimonio de Bengala”, declaró el sindicalista Raktim Das, quien intenta obtener del gobierno una exención de la ley o, por lo menos, la creación de granjas para criar serpientes donde los bedias podrían trabajar.
Durante esta última década, han sido muchos los encantadores de serpientes que se han ido de las metrópolis hindús; otros intentan su suerte proponiéndoles a los turistas fotografiarlos con los reptiles.
Pero para los grupos defensores de los animales, los encantadores no son más que crueles impostores que maltratan a sus serpientes para enseñarlas a erguirse al son de la flauta. Según estas entidades, los encantadores de cobras suelen arrancarles los colmillos a sus reptiles y alimentarlos con leche, y los condenan a una muerte segura cuando se los llevan de su hábitat natural.
“Encantar serpientes es un derecho natural e inalienable”, explicó Langra Brede, 35 años, que ya ha sido mordido dos veces durante su carrera. “Nuestros antepasados encantaban serpientes, nosotros hemos crecido así y esto es, sencillamente, lo único que sabemos hacer”, añadió.
De hecho, la ley rige desde hace más de diez años y los 800.000 encantadores de serpientes de la India se sienten privados de una parte de sus medios de vida.
En el este del país, la mayoría de estos hombres pertenecen a la comunidad nómade Bedia, cuyo saber se transmite de generación en generación. Miles de ellos se encuentran “al borde de la hambruna” y esta ley “pone en peligro la supervivencia de la comunidad Bedia, de 1000 años de antigüedad y parte integrante del patrimonio de Bengala”, declaró el sindicalista Raktim Das, quien intenta obtener del gobierno una exención de la ley o, por lo menos, la creación de granjas para criar serpientes donde los bedias podrían trabajar.
Durante esta última década, han sido muchos los encantadores de serpientes que se han ido de las metrópolis hindús; otros intentan su suerte proponiéndoles a los turistas fotografiarlos con los reptiles.
Pero para los grupos defensores de los animales, los encantadores no son más que crueles impostores que maltratan a sus serpientes para enseñarlas a erguirse al son de la flauta. Según estas entidades, los encantadores de cobras suelen arrancarles los colmillos a sus reptiles y alimentarlos con leche, y los condenan a una muerte segura cuando se los llevan de su hábitat natural.




































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