lunes, julio 16, 2007

¿Obeso yo?

Durante las primeras décadas del siglo XX, los australianos veían con preocupación creciente cómo cierto tipo de escarabajo causaba cada vez más daños a sus cultivos de caña de azúcar. En 1935 creyeron haber encontrado la solución al introducir en sus plantaciones 102 sapos Bufo Marinus, también llamado sapo de caña, procedentes de las Antillas, que se multiplicaron rápidamente en cautiverio. La adaptación de estos batracios fue tan extraordinaria que hoy, 72 años después, son más de 200 millones, que presentan, además, grandes transformaciones corporales: los ejemplares que llegaron a Australia medían 10 cm; actualmente pueden pesar hasta dos kg y medir 37 cm, lo que los convierte en la especie de sapos más grandes del mundo. También sus patas se han vuelto más largas, hecho que aumenta la rapidez en su desplazamiento. Gracias a esto y a la construcción constante de carreteras, los sapos Bufo o de caña avanzan una media de 60 km anuales y ocupan ya más de un millón de km². Los australianos ven que cambiaron un problema por otro, pues los animalitos arrasan con la fauna local y devoran con particular fruición serpientes y pequeños cocodrilos, a los que pueden vencer fácilmente gracias al veneno que acumulan en las glándulas parótidas.
La naturaleza, siempre sabia, hace lo que puede para recuperar el equilibrio ecológico, y ciertas aves, como el milano negro, han aprendido a evitar el veneno que tiene el sapo en la cabeza y a atacarlo en el abdomen, mientras que algunas serpientes han disminuido el tamaño de sus mandíbulas; así no lo pueden tragar y se salvan de morir envenenadas. Otro caso es el de la rana del árbol de Dahl, que ha desarrollado una resistencia a la toxina en cuestión y se come los renacuajos y sapitos jóvenes sin problemas.
Pero todo esto no es suficiente ante la asombrosa capacidad de reproducción del sapo de caña (puede poner hasta 10.000 huevos diarios), y los científicos australianos siguen estudiando cómo frenar su crecimiento sin, por otro lado, eliminar la especie.

1 comentario:

Javier A. dijo...

Muy interesante esta información. Se te ponen los pelos de punta. ¡Se parecen a las ratas..!. Lo que más me ha gustado es leer como la naturaleza se va adaptando con cambios conformes a su nueva realidad. Un saludo