jueves, julio 26, 2007

Quiero a mi mamá


Los cocodrilos bebé llaman a su mamá incluso antes de salir del huevo. A esta conclusión han llegado los biólogos encargados de realizar un estudio en la granja de cocodrilos de Pierrelatte (Francia), tras haber estudiado el comportamiento de diez hembras de cocodrilo del Nilo con respecto a los huevos que habían puesto tres meses antes y que estaban en incubadora desde entonces. El experimento consistió en grabar los gritos de pre-eclosión emitidos por los cocodrilitos en el interior de los huevos y enterrar en la arena un altavoz que difundía diez minutos de estos sonidos y un tiempo similar de otros sin ningún significado. De las diez madres, ocho empezaron a escarbar inmediatamente la arena cuando oían a sus polluelos y no prestaron la menor atención a los “falsos llantos”, la novena ignoró ambas señales y la última escarbó en los dos casos.
Los investigadores desconocían seguramente que hace más de un cuarto de siglo, el zoólogo y etólogo alemán Vitus B. Dröscher observó cómo se desarrollaba este proceso en la misma naturaleza, en un lago volcánico de África Oriental, y así lo refleja en su libro Un cocodrilo para desayunar, publicado por Econ Verlag GmbH en 1981: “… la hembra, Suleika, cavó en la playa un agujero de unos 45 cm de profundidad y puso su huevos… Una vez terminada la puesta, cubrió el nido con la arena de lava de la playa… Dos días antes de su salida al aire libre, los nuevos cocodrilitos comenzaron a ‘llorar’ dentro de sus huevos. El sonido es muy parecido al del llanto de un niño pequeño. Cuando el coro de los habitantes de los huevos se hizo tan fuerte que podía ser oído a veinte metros de distancia, Suleika, la madre, empezó a excavar con las patas delanteras y con tanto cuidado y atención como pudiera hacerlo el más concienzudo de los arqueólogos”.
Tal vez el valor de este “descubrimiento” hecho en la granja radique en la observación de que los cocodrilos hembra mantienen sus conductas maternales incluso en cautiverio, lo que sin duda ayuda a inclinar la balanza a favor de los que sostienen que el instinto maternal sí existe.