viernes, diciembre 07, 2007

Mascotas conservadas



Itchy fue atropellado por un coche hace ya dos años. Pero ahí está cada mañana, echado a los pies de la cama de su dueña cuando ésta se despierta. Jackie Hibbard hizo liofilizar a su perro.
Se estima que en EE.UU suman 73 millones los propietarios de animales de compañía, y cada vez son más los que eligen liofilizar a su mascota en lugar de enterrarla o cremarla.
Conservar para siempre los restos del difunto ayuda a los dueños a sobreponerse a su pena y a seguir en contacto con su querido animal, y por un precio módico comparado con la taxidermia tradicional.
La liofilización permite conservar algunas características, como expresiones faciales, que desaparecen con la disecación clásica, y es mucho más fácil de realizar. Para naturalizar un animal por medio del disecado, hay que desembarazarlo de sus órganos internos, músculos y otros tejidos, reconstruir el esqueleto y curtir la piel. Después hay que rellenarlo con espuma y otros materiales y coserlo.
El principio de la liofilización, utilizado tras la Segunda Guerra Mundial para conservar el plasma sanguíneo, consiste en hacer evaporar el agua directamente a partir del estado sólido sin pasar por la fase líquida. Primero se modela el cuerpo del animal para darle una pose apropiada; se trabaja sobre fotos e indicaciones de los dueños de la mascota. Luego se introduce en el congelador y cuando se ha solidificado, se coloca en una máquina de liofilizar, en la que, al mismo tiempo que un refrigerador baja la temperatura a -11 ºC, una potente bomba aspira el aire, creando un vacío casi perfecto. Poco a poco, el hielo presente en el cuerpo escapa en forma de vapor, que es evacuado.
Una vez secos, los cuerpos no se descomponen nunca. Sin embargo, las primeras tentativas de liofilización de animales domésticos produjeron especímenes que terminaron infestados de insectos. Los taxidermistas resolvieron el problema mediante inyecciones de formaldehído y otros agentes protectores antes de la liofilización.
Disecar un perro pequeño puede costar unos U$S 200; liofilizarlo, cuatro veces menos. Y dada la sencillez del procedimiento, para las empresas que ofrecen este servicio el trabajo resulta también muy rentable.