jueves, febrero 14, 2008

Sorteo providencial



A Goliath, el bogavante gigante de nueve kilos de peso, le quedaban pocas horas de vida antes de morir en una olla de agua hirviendo, cuando Marlene Casciano lo miró directamente a los ojos. La señora compró un billete para el sorteo que se celebraba en un bar de Nueva Inglaterra (EE.UU.) y cuyo premio mayor era el animalito en cuestión y ganó. Inmediatamente puso en marcha un plan de socorro, que finalizará pronto y con Goliath como estrella del Biodôme de Montreal (Canadá).
"Su tamaño era verdaderamente impresionante", comentó. "Me dijeron que eso indicaba que era muy viejo y sentí que merecía vivir en lugar de terminar en una olla."
El bogavante podría tener 50 años y su pinza principal era tan gruesa como el antebrazo de su salvadora, quien lo llamó Goliath en honor de los campeones del Super Bowl, los Giants de New York.
Cuando se enteró de que no podía liberarlo simplemente dejándolo en la orilla de la playa, la señora Casciano se comunicó con el New England Aquarium de Boston, y supo que Serge Pépin, cuidador de los distintos grupos de animales del Biodôme, estaba buscando un bogavante de ese tamaño para un acuario de 2,5 millones de litros. "Los bogavantes grandes escasean y al público le resultan impresionantes. El bogavante americano es una especie crucial del ecosistema del Saint-Laurent. Como tenemos individuos más pequeños que no se observan tan fácilmente, será fantástico recibir este ejemplar", explicó el cuidador.
De momento, Goliath se quedará alrededor de un mes en el acuario de Boston, hasta que terminen los trámites administrativos necesarios para trasladarlo a Montreal. Un portavoz del acuario, Tony Lacasse, informó que Goliath se encuentra en muy buen estado, y añadió que la buena acción de Marlene Casciano es importante para el medio ambiente, pues los bogavantes de más de 2,2 kg se reproducen mucho más rápidamente que los de 0,5 kg que frecuentemente se ven en los platos de los consumidores. Incluso, en algunas zonas de Canadá y de Maine, los que pesan más de 2,2 kg deben ser devueltos al agua.
"Y los bogavantes grandes no son tan sabrosos", agregó Serge Pépin. "Su carne es dura y eso no resulta muy agradable", concluyó.