jueves, enero 31, 2008

Los últimos drill


Todo empezó en 1988 en Calabar, (sur de Nigeria), el día que Peter Jenkins y Liza Gadsby, una pareja de turistas que disfrutaba de unas vacaciones de 10 días, se encontraron en un bar un monito bebé dentro de una caja de zapatos. Diecisiete años más tarde siguen allí, al servicio de los monos drill (Mandrillus leucophaeus), una de las especies de primates más amenazadas del mundo.
El bebé drill, que naturalmente se llama Calabar, es hoy una bisabuela de 19 años que transformó las vidas de Peter, empresario americano de BTP, y Liza, zoóloga de Portland (Oregon). “Reconozco que no sentía la menor pasión por los primates, lo que más me interesaba eran los pájaros”, confiesa Liza.
Pandrillus, la ONG que fundó con Peter, recibe a los huérfanos y los cría en cautividad, respetando la noción esencial de grupo y con la esperanza de devolverlos un día a la selva tropical.
En Calabar mismo, la pareja tiene algunos drill y varios chimpancés en Monkey Place, una granja organizada para sensibilizar a los grupos escolares acerca de la importancia de la conservación de las especies. Pero la mayoría de los drill y dos docenas de chimpancés viven a seis horas de ruta hacia el norte, en un parque que han abierto en las montañas de Afi, donde los visitantes pueden admirar una naturaleza casi salvaje desde un puente suspendido a 20 metros de altura.
“Existen leyes para la protección de las especies, pero no se aplican. Si el gobierno hiciera su trabajo para protegerlas, nosotros no estaríamos aquí”, comenta Peter, quien después de tantos años cuidando a los drill sueña con Liza en ir de vacaciones a los EE.UU.
Por su parte, Liza sigue muy enfadada con los cazadores, que han decimado a los drill para vender su carne. “Hace 20 años, aquí se comía todo tipo de carne, excepto, tal vez, la humana”, explica Adeniyi Egbetade, el veterinario del parque. Y añade: “No estamos contra la caza, pero creemos que debe ser regulada”.
Cuando se les pregunta a los habitantes vecinos del parque si aún comen carne de mono, sobre todo de drill, responden invariablemente que antes sí, la gente comía, pero que ahora ya todo el mundo ha comprendido que no hay que hacerlo.
Gracias a un largo trabajo de sensibilización, ya no se matan más drill en la región de Afi.
Sin embargo, la toma de conciencia es demasiado local, pues a una hora del parque se vende carne de drill y de gacela en el mercado central de Ikom: un trozo de gacela cuesta 1800 naira (unos U$S 13) y un mono pequeñito, 2000 naira. “Los que tienen dinero para pagarla prefieren la carne salvaje”, aclara Jallal, un joven comerciante.